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La mentira más cara que nos vendieron: trabajar 24/7 nos hará exitosos

31 Diciembre 2025

El descanso consciente como ventaja estratégica

Durante años se ha instalado una narrativa que equipara éxito con agotamiento. Agendas saturadas, disponibilidad permanente y jornadas sin pausa se presentan como señales de compromiso, cuando en realidad suelen ser síntomas de una gestión ineficiente del tiempo, la energía y la atención.

Desde esta lógica, la productividad se ha reducido a una acumulación de horas y tareas. Sin embargo, la productividad real no se construye en el ruido constante. Requiere claridad, criterio y espacios deliberados de reflexión.

El trabajo es un pilar esencial del desarrollo profesional y organizacional. No obstante, atribuirle un carácter absoluto es un error estratégico. Ninguna carrera sostenible se construye únicamente sobre la base del esfuerzo continuo; necesita dirección, sentido y equilibrio.

La paradoja de la efectividad

Aquí surge una paradoja central la capacidad de decidir bien, priorizar y actuar con impacto nace, en gran medida, de la pausa. El descanso consciente no es inactividad; es un proceso activo de análisis, orden y recomposición.

Por ello, no resulta casual que muchas decisiones relevantes emerjan cuando se interrumpe la presión operativa. La distancia temporal permite ver con mayor precisión aquello que, en la urgencia, permanece oculto.

El equilibrio como criterio de gestión

Trasladado al ámbito de la gestión, cumplir objetivos sigue siendo una obligación central. Sin embargo, sostenerlos en el tiempo demanda comprender que el rendimiento depende tanto de la ejecución como de la recuperación.

Incluso desde una perspectiva histórica, los modelos más antiguos de organización del trabajo incorporan el descanso como parte del ciclo productivo. No como concesión, sino como condición para la continuidad y la calidad del resultado.

Integrar el descanso a la gestión diaria

Si el descanso es estratégico, entonces debe ser gestionado y no improvisado. Algunas prácticas clave lo demuestran:

  • Espacios regulares de desconexión cognitiva y digital.
  • Actividades que favorezcan la reflexión y el pensamiento creativo.
  • Rutinas breves de pausa consciente durante la jornada.
  • Límites claros entre disponibilidad permanente y trabajo efectivo.

La pregunta necesaria

A partir de esta evidencia, surge una pregunta incómoda pero inevitable, si existe tiempo para la hiperconectividad constante. 
¿por qué no existe tiempo para proteger la salud mental y la claridad decisional?

La respuesta, en la mayoría de los casos, no está en la carga laboral, sino en la forma en que se definen las prioridades.

Hacia un nuevo enfoque de desempeño

En este contexto, resulta necesario abandonar la romantización del desgaste y asumir la calma como una ventaja competitiva. Las organizaciones y los liderazgos más sólidos no son los que más horas acumulan, sino los que toman mejores decisiones.

La claridad estratégica, la innovación y el liderazgo sostenible requieren pausa, no agotamiento.

Como señaló Romano Guardini: “Quiero estar tranquilo, vivir un rato en sosiego. Lo que pretende arrastrarme ahora, esperará.”

En un entorno dominado por la urgencia, recuperar la capacidad de esperar no es pasividad: es una forma avanzada de gestión.

El verdadero desafío no es hacer más, sino decidir mejor.

Pablo Giolito