Ecuador, el “socio chico” que ya no juega chico: cuando el valor agregado empieza a pesar
Durante años, la relación comercial entre Ecuador y Argentina se leyó en clave de asimetría: uno vendía más, el otro compraba más. Sin embargo, en 2025 ese guion empieza a mostrar grietas. Sin estridencias ni discursos grandilocuentes, Ecuador ha comenzado a reposicionarse en el intercambio bilateral, no desde el volumen, sino desde la estrategia productiva y el valor agregado.
En 2024, las exportaciones ecuatorianas hacia Argentina alcanzaron aproximadamente USD 256,6 millones, concentradas en frutas, cacao y preparaciones de pescado. La cifra, sin ser disruptiva en términos absolutos, marca un cambio relevante en la composición de la oferta: productos con mayor procesamiento, trazabilidad y estándares, alejados de la lógica primaria tradicional.
El verdadero punto de inflexión llegó en febrero de 2025, con el ingreso formal del aguacate Hass (Palta) y la pitahaya al mercado argentino. Más que una novedad de góndola, este hito evidenció que el sector agrícola no tradicional ecuatoriano está en condiciones de competir en mercados exigentes, combinando tendencias de consumo saludable con cumplimiento riguroso de normas fitosanitarias y coordinación entre Estado y sector privado.
A esto se suma una señal política-económica relevante: Ecuador no solo busca vender más, sino vincular comercio con inversión. La promoción de oportunidades en agricultura tecnificada, energías renovables y biotecnología muestra una visión de integración productiva más profunda, que trasciende el intercambio de bienes.
En este escenario, el camarón consolida su rol como principal motor exportador, con proyecciones de crecimiento que refuerzan su peso en la balanza y amplían la capacidad de negociación del país. No se trata solo de volumen, sino de posicionamiento estratégico dentro de la canasta exportadora.
Ecuador no intenta revertir de inmediato una balanza históricamente desfavorable ni “ganar el partido” en el corto plazo. Lo que está haciendo es cambiar las reglas del juego: diversificar, agregar valor y apostar por sectores con mayor sofisticación productiva. En ese proceso, el “socio chico” empieza a incomodar, no por confrontación, sino por consistencia.
La lección es clara: en el comercio internacional actual, el tamaño importa menos que la estrategia. Y Ecuador, con paciencia y enfoque, empieza a demostrar que jugar inteligente puede ser tan decisivo como jugar grande.
Pablo Giolito